sexta-feira, 21 de agosto de 2015

"(...) Nunca he llorado por nadie, Max. El dia que murio mi abuelo, yo tenia solo ocho anos. Por primera vez en mi vida intente llorar, pero no pude. Me sentia muy triste, muy vacio... y muy seco. Llegue a pensar que era una mala persona por no llorar por alguien tan importante para mi. Como si no lo hubiera querido. Como si le hubiera estado enganando. A el, a mi, a todos.
En el entierro, recuerdo mirar a mi alrededor y ver a mi familia entera abrazandose desconsolada. Aquel conjunto de buenas personas que demasiadas veces no se entendian, aquellos allegados que cuanto mas lejos se encontraban mas se querian, de pronto, se sentian mas unidos que nunca, en el unico lugar del que es imposible salir solo: el desconsuelo. Y me parecieron tan honestas, tan sencillas y tan hermosas todas esas lagrimas derramandose a la vez. Porque fue aquel dia cuando descubri que las lagrimas se derraman, Max. No se caen, ni se tiran, ni se vierten. Se derraman. Como si se hubieran estado acumulando a lo largo de los anos en las vasijas invisibles del querer. Como si cada dia feliz que hubiera pasado con mi abuelo, cada momento especial de los que citaron en su funeral, todos y cada uno de mis familiares hubiesen ido guardando una a una las lagrimas que derramarian de golpe un dia como aquel. Todos y cada uno, menos yo.
La siguiente en marcharse fue mi madre. El dia que nos dejo, alguien me borro la infancia y me dejo desnudo de nostalgia a la intemperie de la madurez. Recuerdo que no podia llorar, porque el cuerpo inerte de mi madre ya no era mi madre. Era una senora que se le parecia mucho, estirada y con los ojos cerrados, pero le faltaban justo las tres cosas que hacian que una senora cualquiera se conviertese en mi madre: sus ademanes, sus tics y sus gestos. Ese dia descubri que la muerte consistia precisamente en eso, en el cese de todo movimiento. Y de ahi que, mas que triste, estubiese intrigado. Si mi madre no estaba alli, donde estaba? A donde se habia llevado tanto amor desinteresado, tantas horas dedicadas sin recompensa alguna, tanta preocupacion? Porque el dia que se marcho mi madre se fue la unica persona que se preocupaba por mi, dejandome un poco mas solo ante todo lo que viniese, que desde entonces siempre seria peor que lo que se habia ido.
Con el paso de los anos, mi corazon se fue llenando de vacios, a mis recuerdos les aguijonearon las ausencias, pero mis lagrimales siguieron sin echar ni gota ni gota. Por mucho que me abandonaron, me dejaran, me humillaran y me hicieran dano, a mi me seguia siendo imposible sacar mis emociones atraves de los ojos. Si hay algo mas triste que estar triste es estarlo y no parecerlo.
Me case, Max, pero me case solo porque a ella le hacia ilusion. No tuve mas remedio que emocionarme de prestado, porque sabia que si usaba mis emociones, jamas estarian a la altura de la ocasion. Asi que le pedi prestados sus suenos y los puse en los huecos que habian ido dejando mis frustraciones. Como te puedes imaginar, tampoco funciono. Aunque los riegues todos los dias, a los suenos prestados no tardan en salirle reproches y culpas, los peores hongos del alma.
Entre tanta ida y venida, conoci casi todas las edades de la soledad, me salio un callo justo donde palpitan las emociones y me fue cada vez mas dificil demostrar lo mucho que me dolia seguir sufriendo.
Un bello dia, cuando ya me habia abandonado toda esperanza de sentir y hacer sentir que sentia, aparecio ella. Ella, que todo lo hizo sin saber que lo hacia. Ella, que todo lo cambio sin querer. En cuanto la vi, automaticamente empece a descubrir el sabor amargo y salado del llanto. Porque la he llorado, Max. La he llorado mucho y a demasiada distancia. Bajo la lluvia, mezclando mis lagrimas con las del cielo, desde el cierre derrotado de cuaquier bar o bajo la media apertura de su ventana, da igual. La he llorado hasta quedarme sin aliento.
De hecho, si nunca te ha ocurrido, eso es que nunca has querido por encima de tus posibilidades. Y si no has querido por encima de tus posibilidades, tu corazon no ha pasado de ser un organo muscular hueco que impulsa sangre.(...)"
Risto Mejide, in Que la muerte te acompane

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